¿Cómo ver nuevas oportunidades y salidas?
¿Es posible fijarse metas claras y aprender a volverse más eficaz?
Hoy existen especialistas que facilitan este proceso.
Todo es según el color del cristal con que se mira. La frase de Calderón de la Barca resume el espíritu de una técnica que cada vez gana más adeptos en el mundo del trabajo. Y que se basa en el supuesto de que el éxito o el fracaso de nuestros emprendimientos dependen del particular modo cómo observamos la realidad, ese “cristal” con que enfrentamos el futuro. ¿Lo vemos todo negro? ¿Nos decimos que somos incapaces? ¿Repetimos hasta el cansancio que en este país no hay posibilidades? ¿Estamos convencidos de que nunca mejorará nuestra situación? Seguramente esos serán los resultados que obtendremos. Al menos así lo creen los expertos en “coaching”, una técnica que propone esclarecer cuáles son los objetivos que queremos lograr y reorganizar nuestro trabajo en función de éstos, descubriendo nuevas maneras de mirar.
Dime cómo hablas y te diré qué trabajo tienes.
El término “coach” (entrenador) proviene del inglés y de la idea de que un entrenamiento deportivo ve al deportista en la cancha y puede ayudarlo a descubrir aspectos, estrategias y oportunidades que él mismo no advierte. “Del mismo modo, un coach intenta asistir a otro para que pueda lograr lo que hasta ahora no pudo: encontrar empleo, reformular una empresa, ganar más dinero, ascender, mejorar el rendimiento de un equipo de trabajo, trazar alianzas productivas, etc. Lo que hacemos es ayudar a que el otro observe su realidad desde puntos de vista distintos, de modo que logre ver nuevas posibilidades de acción”, dice Laura Bicondoa, rectora del Instituto de Capacitación Profesional, donde se cursa una carrera terciaria de dos años de duración que otorga el título oficial de “técnico en liderazgo y diseño ontológico”.
El trabajo con un “coach” (entrenador) comienza cuando uno (el “coachee”) se da cuenta de la distancia que existe entre su realidad concreta y lo que querría alcanzar (descrito con toda exactitud: “quiero trabajar en tal cosa, ganar tanto, estar en tal lugar, de tal modo, etc.”). Es importante en ese momento averiguar qué interpretación tiene esa persona respecto de lo que le pasa. “Cada persona se ‘cuenta’ un cuento con que se explica a sí mismo lo que le pasa: “me va mal porque soy un inútil, porque la vida es injusta, porque en estos tiempos a todo el mundo le va mal”: nosotros nos creemos ese cuento, confundiendo nuestra opinión sobre la realidad con la realidad misma. Por lo tanto, parte de nuestro trabajo es ayudar al coachee a reinterpretar, a convertirse en un observador más eficaz para lograr sus fines. Estos pueden cambiar su manera de actuar y de ser, por eso hablamos de ontología (estudio del ser)”. Así lo propone Lidia Muradep, de la Escuela de Programación Neurolingüística y Coaching Ontológico, durante muchos años asociada con Rafael Echeverría, uno de los popes internacionales de esta disciplina.
Esto no quiere decir que la realidad exterior a nuestra interpretación sea un dato menor. “Hay un estado de ánimo a nivel nacional de resignación y resentimiento muy generalizado – dice Héctor Chaskielberg, de Play Up, una empresa dedicada a “coachear” empresas y ejecutivos -. Pero al cambiar mi manera de observar la realidad, yo puedo dejar de ver esta crisis como algo que me da miedo y empezar a verla como una oportunidad. Y eso me abre nuevas posibilidades.”
Es que una de las peores trampas con que se enfrentan quienes quieren mejorar su situación laboral es la de quejarse del entorno, soñando con que el mundo cambie. “ Yo puedo vivir los años que me queden quejándome de lo mal que estamos o usar toda esa energía para construir mi sueño – dice Andrés Ubierna, de Leading Learning Communities – Gandhi dijo ‘seamos el cambio que queremos ver en le mundo’. Hay que salir del papel de víctima y generar las posibilidades que no vimos antes. Así se cambia la realidad.”
Palabras que no son sólo palabras.
“Nosotros partimos de cuatro palabras, cuatro actos lingüísticos que son: el pedido, la declaración, la oferta y la promesa, ya que cada uno de éstos tienen la capacidad de generar situaciones. Cómo pido u ofrezco trabajo, cómo declaro que quiero hacer algo, si me comprometo a cumplirlo y me convierto en alguien confiable para el otro. A partir de esto, yo puedo comunicarme más eficazmente, aprender a escuchar al cliente o mejorar la manera en que escuchan y conversan las personas que trabajan juntas”, dice Ana María Lepri, miembro de El Club, una institución fundada por el chileno Fernando Flores, otro de los ideólogos del coaching aplicado al mundo del management y las pymes.
“Es necesario tener en claro qué puedo ofrecer yo - agrega Bicondoa-. Y que esta oferta se base nos sólo en lo que quiero dar sino en lo que el otro precisa. Si soy una arquitecta que no tiene trabajo probablemente tenga que ver qué está faltando o inventar una actividad aún inexplorada dentro de la arquitectura y hacerme responsable de que la gente se entere de que eso existe.”
La cuestión del compromiso es fundamental para todos los entrevistados, que ponen la reparación de las relaciones humanas en el centro del problema laboral. Reconstruir una cultura de confianza, comprometerse a cumplir un resultado positivo tangible, promoverse a sí mismo o a las personas que trabajan con uno son algunas de las acciones buscadas.
Ubierna explica el foco puesto en las relaciones humanas de esta manera: “En cualquier empresa o emprendimiento uno puede estar muy capacitado técnicamente, pero la mayoría de los problemas que enfrenta tienen que ver con los sentimientos, los temores, deseos y prejuicios que intervienen permanentemente. Pero éstos cortocircuitos afectan la coordinación de acciones entre personas que quieren trabajar juntas. Por eso, hay que tratarlos”.
Alejandra Toronchik
Clarín
Suplemento Mujer
Martes 6 de noviembre de 2001 |